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Garachico, pueblo con encanto en Tenerife

Hay un roque de casi ochenta metros que se levanta frente a Garachico. En guanche la palabra «gara» significa isla, y los lugareños rápidamente nos señalan la mole de piedra para asegurarnos que de él procede el nombre de esta pequeña joya tinerfeña. Pueblo blanco y empedrado, de colores llamativos que, al roce del sol, contrastan aún más impetuosamente con el coraje azul de las aguas sobre las rocas y el puerto.

Las casas de Garachico parecen ir de excursión desde la montaña a la costa. Van bajando en hermosos colores progresivamente la ladera, y durante su recorrido se van abriendo en pequeñas plazas y callejuelas. Palmeras, bancales con plataneras, iglesias, viejas casas y haciendas conforman el conjunto histórico de un lugar tranquilo y costero.

Qué ver en Garachico

Posiblemente Garachico sea uno de los pueblos más bonitos de la isla de Tenerife. Pasear por él no nos llevará más allá de unas horas, pero es una excursión que realmente merece la pena. Hay edificios de gran valor, tanto histórico como arquitectónico, entre ellos la Ermita de San Roque junto al mar (levantada en las primeras décadas del siglo XVIII) o el Ex Convento de Santo Domingo de Guzmán, hoy sede del Museo de Arte Contemporáneo.

Un recorrido más extenso nos llevaría también a visitar la Iglesia de Santa Ana (la actual data del XVII, tras quedar destruida la anterior por el volcán Arenas Negras), la Casa del Marqués de Villafuerte, rodeada de hermosas plataneras (uno de los edificios más típicamente canarios de Garachico), el Convento de las Concepcionistas Franciscanas de mediados del XVIII, o el propio Ayuntamiento, que ocupa parte de lo que fue el Convento de San Francisco.

Desde el punto de vista histórico sí hay que señalar el Castillo de San Miguel, construido en 1575 con el fin de preservar el pueblo y esta zona de la costa del ataque de corsarios y piratas, ávidos en dicha época por aprovecharse del control comercial de las islas, las cuales servían de enlace y puerto de escala de los grandes buques que surcaban el Atlántico. Hay que tener en cuenta que, durante los siglos XVI y XVII, Garachico fue el puerto más importante de la isla de Tenerife.

El verdadero encanto de Garachico des pasear por sus calles y plazas, sentarse a la sombra de sus palmeras, llevaros en vuestras fotos el colorido de sus edificios y el azul poderoso del mar, subir hasta el Mirador del Emigrante (es una buena cuesta, ojo) y disfrutar de una panorámica tanto del pueblo como del mar realmente única. Ya veréis cómo el contraste de sus paisajes es uno de sus atractivos más singulares.

En verano tal vez se masifica un poco de turistas, especialmente la playa. Es temporada alta y tanto turistas como lugareños aprovechan para descansar en este pueblo con encanto. Yo tuve la posibilidad de visitarlo en otoño. Aún así hacía buen tiempo y hasta aprovechamos para darnos un chapuzón. No importa cuál sea la época del año, Garachico se viste con las mejores galas en cualquier momento.

No dejéis de ir a las piscinas naturales de agua de mar en las rocas de lava, situadas en la playa, muy cerca del Castillo de San Miguel. Están cerradas en invierno, pero el resto del año se puede acceder a ellas gratuitamente. Estas piscinas se llenan y se vacían a medida que va entrando y saliendo el agua del mar con las olas y las mareas. Es uno más de los encantos particulares de este pueblo.

Y para termina, un último dato curioso: en la Plaza de la Libertad se halla el monumento a Simón Bolívar, inaugurado en 1970, en recuerdo tanto del libertador como de su familia, que precisamente era oriunda de Garachico.

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