Bath, la ciudad de las termas en Inglaterra

Bath

Entre los años 60 y 70 a.C los romanos construyeron un templo en una fuente geotérmica en lo que hoy es la ciudad inglesa de Bath. En esta fuente se adoraba a la diosa británica Sulis, cuyo equivalente romano era Minerva, diosa de la sabiduría y la medicina. Tanto es así que los romanos conservaron la antigua referencia en el nombre que le dieron a la ciudad: Aquae Sulis.

Esta fuente manaba más de un millón de litros de agua diarios al día a una temperatura de 46 grados centígrados. Los romanos, a los que tanto les gustaban estas aguas termales, construyeron entre los siglos I y IV la Gran Terma, con su caldarium de aguas calientes, su tepidarium de baño tibio, y el frigidarium con las aguas frías. Todo regulado con el hipocausto, un sistema de calefacción subterráneo para mantener la temperatura tanto del agua como de las habitaciones.

Los romanos permanecieron en Bath hasta el siglo V. Su marcha produjo un período de declive en la ciudad, hasta que de nuevo siglos más tarde, y especialmente a partir del XVIII, el renacimiento de Bath supuso un despegue en cuanto a la arquitectura y el paisaje. Todo gracias a que durante la Edad Media la ciudad había sido uno de los grandes centros comerciales de la lana. Los ricos comerciantes llegaban a Bath y aprovechaban para darse un bañito en sus aguas termales.

Una ciudad con estos atractivos resultaba imposible que no tuviera un interés especial para los turistas. Hoy tal vez no sea tan conocida como otros lugares en Inglaterra, sobre todo Londres y Liverpool, pero hay que decir que Bath es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1987. Su encanto histórico, las agujas de sus altos edificios y la elegancia de sus calles son excusas más que suficientes para visitarla.

Más de cinco mil edificios están catalogados en Bath de especial interés por su valor arquitectónico. Desde las Termas Romanas a la Sala de Bombas, pasando por su impresionante catedral de finales del siglo XV, el lugar donde fue coronado el primer rey de la Inglaterra unida. Posiblemente es una de las mejores iglesias góticas del sur de Inglaterra. Podéis subir a su torre campanario de más de cincuenta metros de altura y contemplar allí una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad.

¿Os gusta la literatura?. Porque una de las grandes residentes de esta ciudad fue la escritora inglesa Jane Austen. Aquí vivió entre 1801 y 1805, y muchas de sus obras más conocidas, como Orgullo y Prejuicio, Sentidos y Sensibilidad y Persuasión fueron llevadas al cine y rodadas en Bath. Si habéis leído algunos de sus libros, solo con pasear por las calles de Bath y contemplar sus edificios viajaréis hasta muchas de sus páginas.

Además de sus aguas termales y su arquitectura, Bath es una ciudad de gran enfoque cultural, y no solo por Jane Austen. Aquí encontraremos numerosos teatros y museos, entre ellos el propio Jane Austen Centre. El Royal Theatre, inaugurado en 1750, es su máximo exponente. En aquella época era el único teatro real que había fuera de Londres. Entre los museos sin duda la Galería Victoria, con obras británicas e internacionales desde el siglo XVII hasta nuestros días.

La belleza de Bath se completa con un maravilloso entorno natural, típico de la campiña inglesa, y el río Avon que cruza la ciudad. Es curioso pero, en galés, Avon significa río, de ahí que estemos ante el río Río. Dar un paseo en barca es una de las rutas turísticas más bonitas que pueden hacerse en Bath. Pasaréis, cómo no, por el Palladian Putteney Bridge, uno de los puentes más simbólicos de la ciudad. Llevaos una foto de él.

Bath es una ciudad que aúna historia, arte y arquitectura a partes iguales. Desde los orígenes de sus termas y sus baños, de ahí su nombre, hasta el día en el que vosotros vayáis a visitarla. Así se ha escrito y se escribe la vida de este rincón del sur de Inglaterra.

Foto Vía Isbreading.org

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