Qué ver en Orleans

Castillo Cheverny, Orleans

Una visita al corazón de Francia debe incluir un paso por Orleans, a la vera del río Loira y escenario de grandes momentos de la historia gala de la que quedan magníficas muestras.

El antiguo pueblo celta de Cenabo ha conocido la guerra y los saqueos en varias ocasiones: en el año 52 a.C. fue Julio César quien la destruyó, mas tarde fue el mismísimo Atila en el 451. La Guerra de los Cien Años se escribió aquí con sangre cuando Juana de Arco liberó a la ciudad del asedio de las tropas inglesas en el 1429.

Hoy, a poco andar por las calles señoriales de la ciudad, tenemos muchas opciones de hoteles en Orleans donde alojarnos para revivir el paso de los siglos.

La Catedral de Orleans, dedicada a la Santa Cruz, impresiona con su planta gótica y sus magníficos ventanales con vidrieras de colores que relatan la vida de Juana de Arco. La presencia de la santa soldado la encontramos en muchos rincones de Orleans: en los nombres de las tiendas, en calles, avenidas o plazas.

Y su estatua ecuestre preside la plaza donde en otros tiempos se levantara el Palacio Real, ya que Orleans fue sede de la corte. A su alrededor, hoy se multiplican los bares y restaurantes donde poder relajarnos y perdernos en la excelencia de la gastronomía del Valle del Loira: verduras, quesos, dulces, buenos vinos para dejarnos mimar.

Camino hacia el río Loira, un paseo nos muestra lo mejor de la antigua arquitectura popular y oficial. El Ayuntamiento, los jardines y palacios particulares devenidos en organismos oficiales, las plazas y calles bordeadas de fachadas de vigas a la vista. Algunas en proceso de restauración, muestran los ladrillos que se ocultaban bajo la pintura. Otras, ya disfrutando una nueva vida, nos asombran con el colorido de sus frentes y de sus ventanas floridas.

Si te gusta el turismo activo, desde Orleans tendrás mucho para hacer. Salidas en bicicleta a la vera del río, visitas a bodegas, clases de francés o de cocina, compras de productos de la tierra en tiendas y mercados, y dejar pasar el tiempo… al ritmo lento y ceremonioso del siempre presente Loira.

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